A los ocho años, el maestro me preguntó cuál era mi color favorito. El Roble Escarlata…. contesté yo. Seguramente fue una respuesta ingenua, aunque cargada de sentido, pero tuve que argumentar por qué mi color favorito no era un color sino un árbol.

No sé ni como lo hice, quizá callé y simplemente pensé en que mi padre siempre tenía razón. Al atardecer me pedía que le acompañase a regar los campos, mientras me daba lecciones de botánica y sensaciones. Fue en una de estas, a final de octubre cuando encontré mi color favorito, en pleno otoño, sentados en un banco de madera comiendo un trozo de pan y mantequilla.

Rojo brillante casi fucsia mezclado con un verde amarillento que se esconde, este es mi color favorito, una armonía que solo la naturaleza sabe crear y que yo salgo a buscar cada otoño. Me gusta pensar que es en este periodo junto al Quercus coccinea donde retomo mi actividad, como el primer día de escuela, cargando y descargando planta que nos llega al vivero, nos preparamos para las plantaciones y la nuevas etapas de producción.

En cada rincón de nuestros terrenos estamos activos, mientras nuestras especies se preparan para dormir, avisándonos de ello con nuestro color favorito.

Soraia Aguirre con J. Antonio Aguirre