Anoche soñé con flores. Millones de flores de colores que rozaban el horizonte prolongándose hasta el infinito. Una bellísima masa de pequeños puntos como si se tratara de una pintura impresionista, luces y sombras a través de un intenso colorido. Y yo estaba allí, en medio acariciándolas, mientras me hacían cosquillas en la mano, libres y serenas, mirando hacia el cielo abierto, ellas y yo.
Me he pasado todo el día pensando en esta sensación y en este paisaje, deseando poder aparecer allí otra vez, esperando que fuese real y me acabo de dar cuenta de que existe.
Grandes agrupaciones de flores que se despiertan en todas las estaciones del año, transformando el paisaje con su diversidad de colores y formas, unas 200 hectáreas para celebrar la grandeza en cada minúsculo pétalo, es el Hitachi Seaside Park de Japón, un espectacular parque en el que la protagonista es la flor.

En Hitachi paseo entre sutiles colinas vestidas del color fucsia de las Kochia, unas “bolas” estáticas bajo el sol pero ondulantes apenas el viento las acaricia, son un magnifico lienzo otoñal de toda una gama de rojos y ocres. Atravieso senderos entre la sombra y la luz de ligeros pinos japoneses donde, a sus pies, se elevan Cosmos, Narcisos, Tulipanes, Rosas…Y puedo llegar a mi sueño, unos cuatro millones de Nemophilas, que miran al sol deseando hacerme cosquillas, los “ojos azules de bebe” que se presentan traviesos en mayo confundiéndose con el cielo.

Si, es verdad que los sueños no siempre son solo sueños.

Soraia Aguirre